La recuperación ambiental del Río Torca requiere superar la fractura social y la irresponsabilidad ciudadana, transformándose en una oportunidad de justicia, inclusión y desarrollo económico local.
Durante años, la ciudadanía y lideres sociales se han pronunciado sobre la importancia de restablecer el equilibrio del Río Torca, fuente hídrica que llega al Río Bogotá, los encuentros culturales realizados dan cuenta de la convergencia de propósitos.

Adriana Buitrago, representante del área de estrategia de comunicación y difusión de Vivamos Usaquén, al hablar sobre el estado del río, critica la irresponsabilidad colectiva. Aunque reconoce que la parte baja del humedal Torca está “mejor conservada”, la parte superior, cerca de colegios bilingües, es “bastante deprimente” por las basuras. Ella enfatiza que, si bien se tiende a culpar a las entidades, “nosotros los seres humanos somos los generadores de esos residuos sólidos que debemos transformarlos desde nuestra casa para que salga la menor cantidad de basura”.
Al abordar la inclusión, no considera adecuado ser “encasillada” en grupos de género: “el ecosistema somos todos el río somos todos el mar somos todos o sea donde no hay ambiente no hay nada”. Ella invita a que el enfoque se dirija a la totalidad del ecosistema.
Y es que, la vasta y compleja geografía de Bogotá, la localidad de Usaquén se presenta como un complejo mosaico de fuertes contrastes. Hacia el oriente, la majestuosa montaña respira niebla, mientras que, hacia el occidente, la implacable expansión urbana de concreto ha devorado la sabana. Sin embargo, bajo el estruendo constante de vías principales como la Avenida Séptima y la Autopista Norte, subyace un sistema circulatorio que actualmente se debate entre la agonía y la resistencia: la estructura ecológica principal de la localidad, definida por la cuenca del Río Torca y su esencial desembocadura en el Humedal Guaymaral.
Buscamos comprender el “agua” como un elemento cultural y político fundamental que moldea directamente las condiciones de vida de sus habitantes, abarcando tanto los grandes condominios de altos ingresos como los barrios de ladera que se han construido de manera informal. La cuenca del canal Torca, un elemento crucial del sistema hídrico del Distrito Capital, posee un área de drenaje de 6.008,69 hectáreas. Su eje principal se extiende a lo largo de 13.06 km, partiendo desde el conjunto residencial Bosque de Pinos (Carrera 6 con Calle 153) hasta su confluencia final con el río Bogotá. Este río nace en los cerros orientales y vierte su caudal en el sistema humedal Torca-Guaymaral a la altura de la Autopista Norte, cerca de los terrenos del cementerio Jardines de Paz. La cuenca se estructura mediante tres subcuencas principales: El Cedro, San Cristóbal y Serrezuela, e incluye ecosistemas vitales como el Humedal La Conejera y el Humedal Torca.
I. El Legado Ancestral Roto y la Agresividad Urbana

Para lograr una comprensión plena de la crisis hídrica actual, es indispensable un ejercicio de retrospectiva histórica y territorial. Usaquén fue, en sus orígenes, un territorio ancestral Muisca, una cultura cuya existencia se cimentaba en el profundo respeto a las lagunas y quebradas. Lamentablemente, esa antigua y valiosa “Cultura del Agua” ha sido severamente fracturada bajo la incesante presión de una ocupación territorial calificada como agresiva.
La urbanización contemporánea, tanto la formal (asociada a altos ingresos) como la informal (desarrollada en los cerros), ha tenido el efecto de impermeabilizar el suelo. El agua lluvia, que en el pasado cumplía la función vital de alimentar los acuíferos subterráneos, hoy corre con una velocidad destructiva sobre el asfalto, cargada de contaminantes, directamente hacia un sistema de drenaje que se encuentra en un estado de colapso.
Las quebradas que descienden de los Cerros Orientales, en muchas ocasiones transformadas trágicamente en canales abiertos de aguas residuales, atraviesan barrios donde la desigualdad social es notable y palpable. En las zonas más elevadas de la localidad, habitadas frecuentemente por poblaciones vulnerables, incluyendo víctimas del conflicto armado que llegaron a la ciudad buscando refugio, el acceso a servicios esenciales como el agua potable y el saneamiento básico sigue siendo un reto intermitente. Esta disparidad en el acceso a recursos vitales crea una brecha social que se mide literalmente en litros por segundo.
II. El Embudo Ecológico: Del Torca al Guaymaral
El núcleo de la problemática ambiental de Usaquén palpita en el complejo punto de transición del Río Torca hacia el Humedal Guaymaral. Es crucial entender que, para los habitantes, este cuerpo de agua no es un caño, sino un río que drena el agua de los cerros orientales hacia el río Bogotá. Sin embargo, lo que debería funcionar como un corredor biológico natural y fluido, se ha convertido hoy en un embudo ecológico.
Nuestra investigación ha logrado evidenciar tres factores que resultan ser críticos y definitorios en esta problemática ambiental:
1. La Fractura de la Autopista: La Autopista Norte no es solo una vía; actúa como un dique artificial que provoca la fragmentación del humedal, impidiendo de manera efectiva el flujo natural del agua y la fauna entre los ecosistemas de los cerros y el valle aluvial de la sabana.
2. El Coctel Tóxico: Antes de que el río logre convertirse en humedal, recibe una carga alarmante de descargas directas de aguas negras y vertimientos industriales que, a menudo, no se encuentran regulados. Esta contaminación masiva altera drásticamente el pH del agua, provoca una reducción drástica del oxígeno disuelto y tiene como consecuencia la muerte de la biodiversidad nativa del ecosistema.
3. La Presión Inmobiliaria: Los bordes sensibles del humedal han sido constantemente “mordidos” por actividades como rellenos ilegales y la construcción de edificaciones que ignoran las normativas de la ronda hidráulica.
Además de la afectación ambiental directa, la contaminación del agua tiene un impacto desproporcionado en las poblaciones vulnerables que viven en zonas bajas e inundables. Las mujeres cabeza de hogar son las más afectadas por las enfermedades derivadas de la mala calidad del agua en su entorno doméstico.
III. El Despertar de la Conciencia Hídrica: Testimonios de la Resistencia
La tarea de recuperar el tejido hídrico en Usaquén requiere transformarse en un proceso social que adopte un enfoque diferencial e inclusivo. El proceso ya ha comenzado con acciones concretas y llamamientos a la responsabilidad ciudadana, más allá de culpar a las entidades.
La Recuperación de un Punto Crítico Existe una “muy buena noticia” referente al punto más contaminado del río, cerca de la Cardio Infantil, donde se ha iniciado la recuperación. Esta acción comenzó con un panel en el que participaron un creador del “plugin ecológico” a nivel mundial, recicladores y principales marcas. La actividad consistió en una caminata para recoger basura, durante la cual se recolectaron más de tres bolsas. Este esfuerzo demostró que “sí se puede” trabajar de forma articulada.
Artes y Filosofía por el Agua La resistencia hídrica se manifiesta también a través del arte y la cultura. Un gestor cultural y coordinador de la Biblioteca Comunitaria Babilonia en Usaquén, califica la actividad de concientización alrededor del agua como “magnífica”. Él confirma que cuida el afluente Torca-Guaymaral vigilando que las personas no boten residuos sólidos, y destaca que “el río tiene vida”.
El colectivo circense Juping High, que practica malabarismo y monociclo, imparte un mensaje directo a la juventud, recomendando “un poco más de conciencia con el agua”. Para ellos, las artes (circo, teatro, música) son una alternativa para encontrarse a sí mismo y desarrollar habilidades.
Otro testimonio ofrece una perspectiva filosófica sobre la relación del ser humano con el agua y el territorio ancestral:
“Somos lo mismo una sola raza un maízado vivimos en este eterno presente continuo sin mirar atrás nos dijeron que éramos campesinos y ciudadanos nos aparon en humedal con barro pusieron ladrillo piedra hicieron edificios pero aún estamos vivos… ¿cómo cuidamos nuestras aguas ¿cómo cuidamos nuestros pensamientos agua que es una botella plástica de Coca-Cola las multinacionales ahora son los dueños del agua nos toca pagar la factura cada mes…”.
Este gestor cultural exhorta a la ciudadanía a la reflexión profunda sobre el uso diario del recurso y la herencia que se dejará a los nietos, pidiendo: “despierta por favor despierta abre tus ojos mira lo que quedará de tu paso por el mundo cada vez que dejas el agua regada cada vez que gastas agua piensa piensa y cuida el agua”.
IV. La Economía Azul y la Justicia Social Diferencial
La protección ambiental no debe ser vista como un freno al desarrollo; por el contrario, la integración de los emprendimientos locales es vital para salvar el ecosistema. La recuperación ambiental, según el análisis, es un motor potencial para la economía popular y los emprendimientos verdes de la localidad.
Guardianas y Enfoque Diferencial En los barrios ubicados en el borde urbano-rural, las mujeres han asumido un rol protagónico como “Guardianas del Agua”. Son ellas quienes, a través de huertas comunitarias y redes de cuidado mutuo, gestionan el uso responsable del agua y denuncian activamente la contaminación. “El agua es la sangre del barrio”, afirma una lideresa local. Este ecofeminismo popular demuestra que la sostenibilidad real debe empezar por el cuidado de la vida.
Inclusión y Accesibilidad El goce del “espacio público azul” (ríos y humedales) actualmente excluye a personas con discapacidad y adultos mayores, dado que la mayoría de los senderos son intransitables para una silla de ruedas. La visión es que el humedal debe ser un aula viva accesible para todos, y la falta de recuperación de las rondas hídricas priva a los niños de espacios seguros para la recreación y el deporte.
La industria local y el sector de pequeños comercios son actores clave. Se sugiere un modelo de “Simbiosis Industrial”, donde los residuos de una empresa se transforman en recursos para otra, minimizando los vertimientos contaminantes. Además, el fomento del turismo de naturaleza —gestionado por comunidades locales, grupos étnicos y víctimas del conflicto— ofrece una oportunidad para generar ingresos mediante corredores gastronómicos y artesanales situados alrededor de las rondas hídricas recuperadas. Este modelo transformaría a los comerciantes en los primeros y más efectivos vigilantes del río.
V. Hoja de Ruta para la Gobernanza Hídrica Inclusiva

Basado en este análisis multidimensional del territorio, se proponen acciones urgentes y concretas:
1. Gobernanza Hídrica Inclusiva: Es imperativo crear la “Mesa del Agua de Usaquén” con poder vinculante, asegurando curules para mujeres lideresas, grupos étnicos, jóvenes y representantes de personas con discapacidad, para que la gestión refleje la diversidad del territorio.
2. Renaturalización con Empleo Local: Se deben implementar planes de empleo de emergencia enfocados en la limpieza y reforestación integral de las cuencas, contratando prioritariamente a las víctimas del conflicto y a los jóvenes en riesgo (ninis) de la localidad.
3. Infraestructura Verde y Conectividad: La obra de elevar la Autopista Norte es urgente para restablecer la conectividad ecológica entre el Torca y el Guaymaral, incluyendo pasos de fauna y senderos peatonales universales que aseguren la inclusión sin barreras.
4. Sello “Usaquén Hídrico”: Se debe crear un sistema de incentivos, como beneficios tributarios locales y visibilidad comercial, para aquella industria y emprendimientos locales que implementen activamente tecnologías de reúso de agua y de producción limpia.
5. Pedagogía Territorial: Es crucial llevar la cátedra del agua no solo a las aulas escolares, sino también a las juntas de acción comunal, enfocándose en la adaptación efectiva al cambio climático y en la gestión integral del riesgo hídrico.
El Espejo Turbio y la Necesidad de Inclusión Radical
El Río Torca y el Humedal Guaymaral trascienden su definición como simples cuerpos de agua; son, en esencia, el espejo en el que la localidad de Usaquén se mira a sí misma. Hoy, ese espejo se encuentra turbio, reflejando una profunda fractura social y ambiental. Limpiarlo requiere mucho más que la simple construcción de plantas de tratamiento; exige sanar el tejido social, reconocer plenamente la diversidad de quienes habitan el territorio y comprender que, en la gestión del desarrollo, nadie—ni el empresario, ni la lideresa barrial, ni el niño en su escuela—sobra. La sostenibilidad de Usaquén será profundamente inclusiva, o simplemente no será. La ciudadanía, como se evidenció en los testimonios, tiene un rol indispensable en transformar los residuos desde la fuente y en tomar conciencia de que el río tiene vida.






